jueves, 26 de abril de 2018

¿Qué son las reliquias?

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado


Viene del anterior. Continuación.
Lorena Bais

¿Qué son las reliquias?

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S. Pio de Pietrelcina incorrupto

(reliquia de primera clase)

Las reliquias son objetos conectados a un santo y se pueden clasificar en tres clases. Una reliquia de primera clase es todo o parte de los restos físicos de un santo. Esto puede ser un trozo de hueso, un vial de sangre, un mechón de pelo o incluso el cráneo o el cuerpo incorrupto.

Imagen relacionada

de S. Jan Pablo II (de segunda clase)

(Cientos de feligreses católicos abarrotaron la iglesia Catedral de Santa Ana para venerar las Reliquias de San Juan Pablo II. La muestra de sangre del Santo Papa (que se conserva líquida después de 10 años) fueron traídas a El Salvador  por la Congregación Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María (SCTJM), con sede en Miami.)

Una reliquia de segunda clase es cualquier objeto que el santo utilizase con frecuencia (ropa, por ejemplo).


La bala engarzada en la corona (imagen Creative Commons)

La bala que disparó el que atentó contra S. Juán Pablo II, 
está incrustada el la corona de la virgen de Fátima.
véase debajo de la cruz remate. 

Una reliquia de tercera clase es cualquier objeto que haya tocado una reliquia de primera o segunda clase.

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Altar de reliquias de una Catedral

Los católicos conservan las reliquias de santos y se cree que la gracia de Dios fluye a través de dichos objetos hacia las almas devotas que los veneran.



¿En qué parte de la Biblia aparecen las reliquias?
El uso de objetos relacionados con una persona santa se remonta hasta el Antiguo Testamento. En él aparece un episodio del Libro Segundo de los Reyes, donde aparece el uso de reliquias.

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“Eliseo murió y lo sepultaron. Ya entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Aconteció que estaban unos sepultando a un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada; entonces arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto tocó el muerto los huesos de Eliseo, revivió y se puso en pie” (2 Reyes 13:20-21).

Incluso en el Nuevo Testamento aparece cómo Dios utiliza objetos para obrar curaciones. En el Evangelio de Marcos aparece cómo se cura una mujer al tocar el manto de Jesús.


Inmediatamente la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de su azote”


“[…] cuando oyó hablar de Jesús se acercó por detrás entre la multitud y tocó su manto, porque decía ‘Si toco tan sólo su manto, seré salva’. Inmediatamente la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de su azote” (Marcos 5:27-29).

Existen otros ejemplos en las vidas de los apóstoles donde se muestra claramente cómo Dios obra milagros a través de objetos conectados a un santo.

Tránsito de Santo Domingo de Guzmán

¿Las reliquias tienen poder?

Aunque la Iglesia anima a la veneración de reliquias, es importante recordar que no es el objeto en sí el que ejerce la curación. Un trozo de hueso no puede curar a una persona con cáncer terminal. Sin embargo, Dios puede utilizar una reliquia de un santo para curar, de la misma forma que utilizó su manto para curar a la mujer con hemorragia. La reliquia es un instrumento del poder milagroso de Dios.

Comprender la fuente del poder evita que las personas veneren el objeto y eleva sus almas hacia Dios.


 ¿La Iglesia ha apoyado esta práctica a través de los tiempos?
La Iglesia ha defendido la veneración de reliquias desde el principio. Una carta escrita tras el martirio de san Policarpo en el 156 a. C. explica cómo los fieles veneraban sus huesos y tenían un cuidado especial con ellos.

“Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que piedras preciosas y que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, en gozo y alegría, y celebrar el aniversario de su martirio”.

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En definitiva, las reliquias de los santos nos permiten acercarnos a aquellos hombres y mujeres santos del pasado y Dios utiliza estos objetos para bendecir de forma especial a las almas fieles. No se deben venerar, pues su propósito es guiarnos hacia la adoración definitiva de un único Dios. Ellas nos recuerdan el camino que lleva a la Cruz y a través de ella a la Santidad. Son pequeños signos que nos remiten a Dios. Objetos que pertenecieron a personas santas o que tuvieron contacto con ellas.


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Lorena Bais |

Confeccionado por Franja.

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