miércoles, 27 de diciembre de 2017

Día litúrgico: 26 de Diciembre: San Esteban, protomártir

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado



Día litúrgico: 26 de Diciembre: 
San Esteban, protomártir

Texto del Evangelio (Mt 10,17-22): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará».

Primer Comentario por  
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España)

«Os entregarán a los tribunales y os azotarán»

Hoy, recién saboreada la profunda experiencia del Nacimiento del Niño Jesús, cambia el panorama litúrgico. Podríamos pensar que celebrar un mártir no encaja con el encanto navideño… El martirio de san Esteban, a quien veneramos como protomártir del cristianismo, entra de lleno en la teología de la Encarnación del Hijo de Dios. Jesús vino al mundo para derramar su Sangre por nosotros. Esteban fue el primero que derramó su sangre por Jesús. Leemos en este Evangelio como Jesús mismo lo anuncia: «Os entregarán a los tribunales y (…) seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio» (Mt 10,17.18). Precisamente “mártir” significa exactamente esto: testigo.

Este testimonio de palabra y de obra se da gracias a la fuerza del Espíritu Santo: «El Espíritu de vuestro Padre (…) hablará en vosotros » (Mt 10,19). Tal como leemos en los “Hechos de los Apóstoles”, capítulo 7, Esteban, llevado a los tribunales, dio una lección magistral, haciendo un recorrido por el Antiguo Testamento, demostrando que todo él converge en el Nuevo, en la Persona de Jesús. En Él se cumple todo lo que ha sido anunciado por los profetas y enseñado por los patriarcas.

En la narración de su martirio encontramos una bellísima alusión trinitaria: «Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios» (Hch 7,55). Su experiencia fue como una degustación de la Gloria del Cielo. Y Esteban murió como Jesús, perdonando a los que lo inmolaban: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60); rezó las palabras del Maestro: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc, 23, 34).

Pidamos a este mártir que sepamos vivir como él, llenos del Espíritu Santo, a fin de que, fijando la mirada en el cielo, veamos a Jesús a la diestra de Dios. Esta experiencia nos hará gozar ya del cielo, mientras estamos en la tierra.

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Segundo Comentario por el
+ Rev. D. Joan BUSQUETS i Masana
(Sabadell, Barcelona, España)

«Os entregarán a los tribunales y os azotarán»

Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de su primer mártir, el diácono san Esteban. El Evangelio, a veces, parece desconcertante. Ayer nos transmitía sentimientos de gozo y de alegría por el nacimiento del Niño Jesús: «Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20). Hoy parece como si nos quisiera poner sobre aviso ante los peligros: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán» (Mt 10,17). Es que aquellos que quieran ser testimonios, como los pastores en la alegría del nacimiento, han de ser también valientes como Esteban en el momento de proclamar la Muerte y Resurrección de aquel Niño que tenía en Él la Vida.

El mismo Espíritu que cubrió con su sombra a María, la Madre virgen, para que fuera posible la realización del plan de Dios de salvar a los hombres; el mismo Espíritu que se posó sobre los Apóstoles para que salieran de su escondrijo y difundieran la Buena Nueva —el Evangelio— por todo el mundo, es el que da fuerzas a aquel chico que discutía con los de la sinagoga y ante el que «no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba» (Hch 6,10).

Era un mártir en vida. Mártir significa “testimonio”. Y fue también mártir por su muerte. En vida hizo caso de las palabras del Maestro: «No os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento» (Mt 10,19). Esteban, «mirando al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios» (Hch 7,55). Esteban lo vio y lo dijo. Si el cristiano hoy es un testigo de Jesucristo, lo que ha visto con los ojos de la fe lo ha de decir sin miedo con las palabras más comprensibles, es decir, con los hechos, con las obras.

Día litúrgico: La Natividad del Señor, Comentario de las tres misas

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado


Día litúrgico: La Natividad del Señor
 (Misa de la noche)

Texto del Evangelio (Lc 2,1-14): Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».

Primer comentario
del
Mons. Jaume PUJOL i Balcells Arzobispo de Tarragona y Primado de Cataluña
(Tarragona, España)

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«La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros (Jn 1,14)»

Hoy, con la sencillez de niños, consideramos el gran misterio de nuestra fe. El nacimiento de Jesús señala la llegada de la "plenitud de los tiempos". Desde el pecado de nuestros primeros padres, el linaje humano se había apartado del Creador. Pero Dios, compadecido de nuestra triste situación, envió a su Hijo eterno, nacido de la Virgen María, para rescatarnos de la esclavitud del pecado.

El apóstol Juan lo explica usando expresiones de gran profundidad teológica: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios» (Jn 1,1). Juan llama "Palabra" al Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Y añade: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14).

Esto es lo que celebramos hoy, por eso hacemos fiesta. Maravillados, contemplamos a Jesús acabado de nacer. Es un recién nacido… y, a la vez, Dios omnipotente; sin dejar de ser Dios, ahora es también uno de nosotros.

Ha venido a la tierra para devolvernos la condición de hijos de Dios. Pero es necesario que cada uno acoja en su interior la salvación que Él nos ofrece. Tal como explica san Juan, «a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (Jn 1,12). ¡Hijos de Dios! Quedamos admirados ante este misterio inefable: «El Hijo de Dios se ha hecho hijo del hombre para hacer a los hombres hijos de Dios» (San Juan Crisóstomo).

Acojamos a Jesús, busquémosle: solamente en Él encontraremos la salvación, la verdadera solución para nuestros problemas; sólo Él da el sentido último de la vida y de las contrariedades y del dolor. Por esto, hoy os propongo: leamos el Evangelio, meditémoslo; procuremos vivir verdaderamente de acuerdo con la enseñanza de Jesús, el Hijo de Dios que ha venido a nosotros. Y entonces veremos cómo será verdad que, entre todos, haremos un mundo mejor.

Segundo Comentario
del
Rev. D. Ramon Octavi SÁNCHEZ i Valero
(Viladecans, Barcelona, España)


«MISA DE LA NOCHE 
(Evangelio: Lc 2,1-14) Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor»

Hoy, nos ha nacido el Salvador. Ésta es la buena noticia de esta noche de Navidad. Como en cada Navidad, Jesús vuelve a nacer en el mundo, en cada casa, en nuestro corazón.

Pero, a diferencia de lo que celebra nuestra sociedad consumista, Jesús no nace en un ambiente de derroche, de compras, de comodidades, de caprichos y de grandes comidas. Jesús nace con la humildad de un portal y de un pesebre.

Y lo hace de esta manera porque es rechazado por los hombres: nadie había querido darles hospedaje, ni en las casas ni en las posadas. María y José, y el mismo Jesús recién nacido, sintieron lo que significa el rechazo, la falta de generosidad y de solidaridad.

Después, las cosas cambiarán y, con el anuncio del Ángel —«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo» (Lc 2,10)— todos correrán hacia el portal para adorar al Hijo de Dios. Un poco como nuestra sociedad que margina y rechaza a muchas personas porque son pobres, extranjeros o sencillamente distintos a nosotros, y después celebra la Navidad hablando de paz, solidaridad y amor.

Hoy los cristianos estamos llenos de alegría, y con razón. Como afirma san León Magno: «Hoy no sienta bien que haya lugar para la tristeza en el momento en que ha nacido la vida». Pero no podemos olvidar que este nacimiento nos pide un compromiso: vivir la Navidad del modo más parecido posible a como lo vivió la Sagrada Familia. Es decir, sin ostentaciones, sin gastos innecesarios, sin lanzar la casa por la ventana. Celebrar y hacer fiesta es compatible con austeridad e, incluso, con la pobreza.

Por otro lado, si nosotros durante estos días no tenemos verdaderos sentimientos de solidaridad hacia los rechazados, forasteros, sin techo, es que en el fondo somos como los habitantes de Belén: no acogemos a nuestro Niño Jesús.

Tercer comentario
del
Rev. D. Bernat GIMENO i Capín
(Barcelona, España)

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«MISA DE LA AURORA 
(Evangelio: Lc 2,15-20) Encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre»

Hoy resplandece una luz para nosotros: ¡nos ha nacido el Señor! Del mismo modo que el sol sale cada mañana para iluminar y dar vida a nuestro mundo, esta misa de la aurora, celebrada todavía con cierta oscuridad, evoca la figura del pequeño Infante nacido en Belén como el sol naciente, que viene para iluminar a toda la familia humana.

Después de María y José, fueron estos pastores del Evangelio los primeros que fueron iluminados por la presencia de Jesús Niño. Los pastores, que eran tenidos como los últimos en la sociedad. Hemos de ser pastores para acoger al Niño, y ser conscientes de nuestra nada.

Que Jesús sea luz no nos puede dejar indiferentes. Miremos a los pastores: era tan grande el gozo que sentían por lo que habían visto que no paraban de hablar acerca de ello: «Todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían» (Lc 2,19).

«Tu Salvador ya está aquí», nos dice también el profeta, y eso nos llena de alegría y de paz. Amados hermanos, esto nos falta a muchos cristianos de hoy día: hablar de Él con alegría, paz y convencimiento; cada uno desde su vocación, es decir, desde el designio eterno que Dios tiene “para mí”. Y esto será posible si previamente estamos convencidos de nuestra identidad: los laicos, religiosos y sacerdotes. Todos formamos “el pueblo santo” del que nos habla el profeta Isaías.

Fue designio de Dios que acudieran pastores a adorar al Niño Jesús. Todos somos pastores. Todos hemos de ser pobres y humildes, los últimos... Contemplando el pesebre de nuestra casa, con sus pastores de plástico o de cerámica, vemos una imagen de la Iglesia, que el profeta en la primera lectura describe como una “ciudad-no-abandonada” y como “la-que-tiene-un-enamorado” (cf. Is 62,12). En esta Navidad hagamos el propósito de amar más a nuestra Iglesia... que no es nuestra, sino de Él, y nosotros la recibimos y entramos a participar en ella como indignos siervos, y la recibimos como un don, como un regalo inmerecido. De ahí que nuestro estallido de alegría en esta Navidad ha de ser una profunda y sincera acción de gracias.




 Vista panorámica de Baiona, el Parador y su entorno. 

viernes, 17 de noviembre de 2017

Sábado XXXII del tiempo ordinario Texto del Evangelio (Lc 18,1-8):

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

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Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».
Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».

«Es preciso orar siempre sin desfallecer»
+ Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó
(Rubí, Barcelona, España)
Hoy, en los últimos días del año litúrgico, Jesús nos exhorta a orar, a dirigirnos a Dios. Podemos pensar cómo los padres y madres de familia esperan que —¡todos los días!— sus hijos les digan algo, que les muestren su afecto amoroso.

Dios, que es Padre de todos, también lo espera. Jesús nos lo dice muchas veces en el Evangelio, y sabemos que hablar con Dios es hacer oración. La oración es la voz de la fe, de nuestra creencia en Él, también de nuestra confianza, y ojalá fuera también siempre manifestación de nuestro amor.

A fin de que nuestra oración sea perseverante y confiada, dice san Lucas, que «Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Sabemos que la oración se puede hacer alabando al Señor o dando gracias, o reconociendo la propia debilidad humana —el pecado—, implorando la misericordia de Dios, pero la mayoría de las veces será de petición de alguna gracia o favor. Y, aunque no se consiga de momento lo que se pide, sólo el poder dirigirse a Dios, el hecho de poder contarle a ese Alguien la pena o la preocupación, ya será la consecución de algo, y seguramente —aunque no de inmediato, sino en el tiempo—, obtendrá respuesta, porque «Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche (...)?» (Lc 18,7).

San Juan Clímaco, a propósito de esta parábola evangélica, dice que «aquel juez que no temía a Dios, cede ante la insistencia de la viuda para no tener más la pesadez de escucharla. Dios hará justicia al alma, viuda de Él por el pecado, frente al cuerpo, su primer enemigo, y frente a los demonios, sus adversarios invisibles. El Divino Comerciante sabrá intercambiar bien nuestras buenas mercancías, poner a disposición sus grandes bienes con amorosa solicitud y estar pronto a acoger nuestras súplicas».

Perseverancia en orar, confianza en Dios. Decía Tertuliano que «sólo la oración vence a Dios».

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Día de TODOS LOS SANTOS. P. Javier Leoz,

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

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¿SEGUIR A JESUS? ¡POR QUÉ NO!  Por Javier Leoz


¿SEGUIR A JESUS? ¡POR QUÉ NO!  Por Javier Leoz

1. - En esta festividad de Todos los Santos, hemos de caer en la cuenta de una gran herencia: ser santo significa participar de la santidad de Dios. Un cristal por el que, la presencia del Señor, se ve nítidamente por las obras o un balcón abierto por el que, cuando se asoma, se escucha en toda su pureza la Palabra que nos ilumina.

Celebrar esta fiesta es sentirnos fascinados por lo alto. Cuando ascendemos a las montañas vienen a nuestros ojos imágenes de valles y de ríos, de cielos estrellados o de horizontes lejanos. En esta jornada de Todos los Santos no nos conformamos con subir a los cerros. Trepamos más arriba. Elevamos nuestros ojos a esa realidad que ha sido la razón y el motor, el existir y el triunfo definitivo de tantos hombres y mujeres que se dejaron seducir por la beldad de Dios. No se conformaron con lo que encontraban en el suelo, con las propuestas caducas de felicidad, con los atajos traicioneros. Los santos apostaron fuerte: descubrieron que Dios era lo máximo y dieron firme testimonio de El.

2.- ¿Es posible seguir a Jesús en estos tiempos?- ¿Está de moda ser santo? Interrogantes que sólo esperan y merecen una respuesta: ¡SI! ¡Es posible seguir a Cristo en medio de tanta mediocridad! ¿Cómo? Siendo diferentes a los modelos que nos propugna una sociedad saturada de falsos ídolos pero necesitada de auténticos referentes de justicia y de paz, de amor y de verdad. ¿Acaso podremos encontrar la santidad en las revistas que aceleran y confunden el corazón? ¡No! Las bienaventuranzas son, hoy más que nunca, “la cosmética esencial” para cuidar el alma y el rostro de un cristiano. Para saber si estamos en onda con Jesús de Nazaret. Para comprobar si, nuestros anhelos de santidad, son ciertos o –por el contrario- se quedaron en buenos propósitos.

Es posible seguir a Jesús porque, otros hermanos nuestros (también de carne y hueso, no de yeso o madera) lucharon por ello y, entre otras cosas, fueron inmensamente felices así. Es más, cerraron los ojos al mundo, y están viendo –cara a cara- a ese Dios con el cual tanto soñaron, por el que tanto se desvelaron y por el cual dieron hasta el último suspiro.

3.- ¿Dónde está entonces el secreto de la felicidad de Todos los Santos? En la belleza interior. Como nosotros tuvieron un punto de salida (el Bautismo) pero se tomaron como una fascinante tarea el llegar a la santidad desde Dios y sin olvidar nunca a Dios.

-Unos, sin quererlo, no pasaron desapercibidos. Fueron exigentes consigo mismos y dejaron huella allá por donde caminaron. Fueron fuego vivo y, desde lejos, se veía el humo de su vida cristiana.

-Otros, porque así lo quisieron, brillaron sólo para Dios. Tan sólo El, hoy seguimos sin saberlo nosotros, conoce quienes son, en qué altar de tierra o perdidos en el ancho horizonte se encuentran. Pero…fueron santos. Fueron brisa suave...pisada sin ruido….

Y, en medio de todo ello, nosotros. ¡Sí! ¡Nosotros! También estamos convocados a no quedarnos bajo mínimos. Podemos alcanzar altas cotas de perfección y de santidad, de caridad y de amor, de alegría verdadera y de esperanza cristiana.

4.- Mirar o festejar a estos grandes deportistas de la fe (conocidos o anónimos) no significa quedarnos en una simple contemplación (sería una traición a su gran obra). Honrar la memoria de Todos los Santos es recoger la antorcha que ellos sostuvieron en sus manos: la adhesión a Jesucristo muerto y resucitado, y saber crecer espiritualmente aún en medio de defectos o debilidades. ¿Cómo? Optando claramente, una y otra vez, por el camino de la conversión, la reconciliación y el perdón.

¿A que es posible? ¡Todos los Santos…nos dicen que sí! ¡Avancemos por el sendero que ellos nos dejaron iluminado!


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5.- ¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Son, ni más ni menos, aquellos que en la Montaña de las Bienaventuranzas encontraron y renovaron, una y otra vez, su pasión y su carnet de identidad.

Los que, abriendo la ventana de su corazón, permitieron que entrase la luz divina y, con esa luz eterna, agradar totalmente a Dios sin olvidar al hombre.

Son, esos hermanos nuestros, que sin hacer cosas extraordinarias fueron grandes por su inmensa sencillez; en la oscuridad, nunca se cansaron de buscar al Señor y en la luz del mundo, nunca lo dejaron perder.

¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS
?
Son aquellos/as que fueron fieles al Señor sin doblegarse o arrodillarse a los pies de otros dioses.

Los que, en el sufrimiento, nunca se acobardaron y, en el éxito, no quisieron dar la espalda al Evangelio.

Los que, ante la injusticia, eran altavoz de los que no tenían voz o los que, ante la pobreza, sabían sembrar a Dios como riqueza

¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Tal vez los que, sin levantar mucho ruido, hicieron un bien inmenso en tantos hombres y mujeres del mundo.

Aquellos que, en la soledad, acompañaron con horas sin término.

Los que, obligados a renunciar a su fe, prefirieron el martirio.
Los que, enmudecidos por muchos intereses, nunca callaron.
Los que, presionados por la hostilidad, sólo predicaron la paz.

¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Son los que, lejos de dejarse seducir por la palabrería barata se dejaron llevar por la Palabra de Jesucristo.

Son los que, tentados por los mil sabores de la tierra no quisieron jamás apartarse del alimento del cielo: la Eucaristía.

Son los que, perseguidos por proclamar la verdad se crecieron y fueron fuertes hasta el último instante de sus vidas.

Son los que, además de amar con pasión la creación, nunca olvidaron que, Alguien, era su Creador

¿QUIÉNES SON TODOS LOS SANTOS?

Son los que pretendieron un mundo diferente atravesado por la estrella de la fe e iluminado por el Espíritu Santo.

Los que esperaron y soñaron con Dios como recompensa final.
Los que, sin ser entendidos ni comprendidos, han sido recibidos con un abrazo gratificante en el cielo.

Los que, con su vida y en su vida, por su vida y desde su vida quisieron y disfrutaron llevando a Dios hasta lo más hondo de su existencia.

Esos son… nuestros santos.

P. Javier Leoz

jueves, 19 de octubre de 2017

Comentario del Evangelio de hoy, jueves , 19 de Octubre. XXVIII del TO

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado
El Evangelio de hoy

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«¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! 


Día litúrgico: Jueves XXVIII del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Lc 11,47-54): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido».
Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

 COMENTARIO POR EL
Rev. D. Pedro-José YNARAJA i Díaz
(El Montanyà, Barcelona, España)


Hoy, se nos plantea el sentido, aceptación y trato dado a los profetas: «Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán» (Lc 11,49). Son personas de cualquier condición social o religiosa, que han recibido el mensaje divino y se han impregnado de él; impulsados por el Espíritu, lo expresan con signos o palabras comprensibles para su tiempo. Es un mensaje transmitido mediante discursos, nunca halagadores, o acciones, casi siempre difíciles de aceptar. Una característica de la profecía es su incomodidad. El don resulta molesto para quien lo recibe, pues le escuece internamente, y es incómodo para su entorno, que hoy, gracias a Internet o los satélites, puede extenderse a todo el mundo.

Los contemporáneos del profeta pretenden condenarlo al silencio, lo calumnian, lo desacreditan, así hasta que muere. Llega entonces el momento de erigirle el sepulcro y de organizarle homenajes, cuando ya no molesta. No faltan actualmente profetas que gozan de fama universal. La Madre Teresa, Juan XXIII, Monseñor Romero... ¿Nos acordamos de lo que reclamaban y nos exigían?, ¿ponemos en práctica lo que nos hicieron ver? A nuestra generación se le pedirá cuentas de la capa de ozono que ha destruido, de la desertización que nuestro despilfarro de agua ha causado, pero también del ostracismo al que hemos reducido a nuestros profetas.

Todavía hay personas que se reservan para ellas el “derecho de saber en exclusiva”, que lo comparten —en el mejor de los casos— con los suyos, con aquellos que les permiten continuar aupados en sus éxitos y su fama. Personas que cierran el paso a los que intentan entrar en los ámbitos del conocimiento, no sea que tal vez sepan tanto como ellos y los adelanten: «¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido» (Lc 11,52).

Ahora, como en tiempos de Jesús, muchos analizan frases y estudian textos para desacreditar a los que incomodan con sus palabras: ¿es éste nuestro proceder? «No hay cosa más peligrosa que juzgar las cosas de Dios con los discursos humanos» (San Juan Crisóstomo).

domingo, 17 de septiembre de 2017

Hoy el reto del amor es robar sonrisas.

Blog Católico de Javier Olivares, jubilado

Hoy el reto del amor es robar sonrisas.
El Reto Del Amor 17 septiembre 2017
Año del Señor 2017

Lerma, 17 de septiembre. Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                             

DESCARADAMENTE SIMPÁTICO

Ayer, en la iglesia, en un momento de máximo silencio y concentración... ¡apenas pude contener la risa!

No te lo vas a creer, pero, es que... ¡mi libro de lectura me estaba sacando la lengua!

Te lo digo totalmente en serio. Entre las páginas blancas, salía una lengua rosa dirigida hacia mí. Si un libro te sacase la lengua, lo mínimo que harías sería sorprenderte, ¿no?

Bueno, en realidad se trataba de un post-it rosa que uso a modo de marcapáginas. Tiene forma de manzana, lo había puesto al revés, ¡y parecía totalmente una lengua!

Definitivamente, Cristo quiso robarme una sonrisa. ¿Y acaso no hacemos nosotros también "tonterías" por sacar la sonrisa de un bebé? ¿No somos capaces de locuras por hacer reír a los que queremos?

Y, cuando lo conseguimos, cuando robamos esas preciadas sonrisas, ¡se nos pega! ¡Sonreímos por contagio! Y si esto nos pasa a nosotros, ¡cuanto más a Cristo!

¿Te imaginas la sonrisa de Jesús? ¿Cómo sería su rostro cuando veía sonreír a los discípulos o a María? ¡Pues así sigue siendo cuando te ve sonreír a ti!

El amor se ensancha cuando ve feliz a la persona amada. Y Cristo lo da todo por ti, por que seas feliz. Él ha derramado toda su sangre por ti, ha resucitado y vive contigo cada instante de tu día. Él siempre luchará a tu favor... y te regala mil detalles en tu jornada, mendigando tan sólo una sonrisa.

Hoy el reto del amor es robar sonrisas. Pero, antes de eso, te invito a "dejarte robar": pídele a Cristo unos ojos nuevos para ver todas las cosas con las que quiere sorprenderte, ¡que hoy tu sonrisa hacia Él sea tu acción de gracias! Y, a lo largo del día haz una cosa inesperada y extraordinaria para sorprender a alguien. Puede ser preparar un postre, dejar un mensaje de cariño en el volante del coche... ¡o saludar a los niños con una guerra de cosquillas! Te aseguro que hoy tendrás muchas sonrisas para regalarle al Señor. ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO  
http://dominicaslerma.es/

¡Feliz día!

©Producciones es El- Vive de Cristo (Dominicas Lerma)
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